Salí de mi casa, mirando hacia ambos lados, saqué la moto y la paré en el asfalto... 5.30 de la mañana, apenas clareando.
Me
volví hacia el portón de rejas de mi casa desde donde mis dos perras me
despedían, cerré con llave, las saludé y me di vuelta para montar en mi
vehículo e ir al laburo.
De pronto siento un silbido, como un
murmullo, apareció de golpe, un hombre en bicicleta con un buzo gris con
capucha cruza por delante mío rápidamente, sentí el estremecimiento,
pensé en el gas pimienta que había olvidado adentro, pensé en la moto
que es lo único que tengo, en mi hija que quedaba sola, mis perras que
no podían salir a defenderme, en donde golpear, en con qué golpear, en
cómo dar la alarma mientras mi corazón se salía de lugar, en si mi casco
me protegería de una bala mientras mi adrenalina se disparaba... pero
era solo un hombre en bicicleta, que iba a su trabajo tan rápido como
podía por miedo, el mismo miedo que me afectó a mi, el mismo miedo que
nos afecta a todos, el mismo miedo que día a día se apodera de nuestras
vidas y hace que vivamos presos, presos del pánico que nos causa el
saber que ellos quedan libres horas después de entrar en la comisaría.
PRESOS
Ese mismo día dos de mis compañeros de trabajo a la misma hora habían sido asaltados.
El día anterior habían asesinado a un hombre a pocas cuadras de casa...
PRESOS. ASI VIVIMOS.
sábado, 26 de octubre de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario