sábado, 26 de octubre de 2013

Juan

Se llamaba Juan (o no) pero eso poco importa, debíamos contarnos los problemas como ensayo en nuestra carrera. Solo para saber si sabíamos escuchar.
Me tocó hablar y le conté todos los líos de mi trabajo, todos los que podía en unos minutos (y eran muchos, me faltó tiempo).
Sintetizó lo mejor que pudo su respuesta y acertó bastante.
Me tocaba a mi.
Pero yo debo ir más allá siempre, agudizo mi oido tratando de escuchar los mensajes subliminales, tengo la necesidad de decirle a la gente que ella puede y darle la solución mágica, que se vaya sin problemas.
Y a veces esa magia ocurre, como cuando uno desea algo con verdadera pasión, amorosamente.

Juan me cuenta que él vende pan casero, que va casa por casa vendiendo y que hace buen dinero con ello, muy buen dinero.
Pero hay algo que le molesta, que le molesta de verdad y hace que le cueste salir a ganarse la vida, es la perspectiva con que lo miran los demás:

- Comprale un pancito al pibe -
- Ahi viene el del pan casero, comprale uno -
- Mirá con esa canasta, pobre, comprale un pan -
- Con este frío pobrecito, dale dame uno ! -

Son frases que marcan la vida de Juan, que le fastidian, que hacen que se incremente su insatisfacción haciendo lo que más le gusta.

Y es entonces al final del relato donde debo hacer un análisis...

-Juan-, le dije, - Definitivamente no creés en la dignidad de tu trabajo y basás tu malestar en lo que opinan los demás sobre vos y no sobre lo sabroso de tu pan -
- Te cuento algo -
- Hay un tipo que es tan importante en la vida de algunas personas que no podrían vivir sin él, y logró entre otras cosas, con la "humilde labor de repartir pan" la mayor cantidad de seguidores que la historia de la humanidad.-
- Ese hombre se llamó Jesús -
- Fijate si es digno tu trabajo -

Me llamó dos semanas despues para agradecerme, no lo esperaba y lo escuche emocionado.
El ahora salia a trabajar con una gran sonrisa.
Nada la iba a cambiar...

Gracias Juan, Gracias.

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